miércoles, 27 de mayo de 2015

Obsesión

Y fue esa pequeña eternidad la que hizo que el mundo cambiara. Mejor dicho, su mundo.
Sabía que a su lado el tiempo no pasaba. Que era omnipotente y omnisciente, como sus besos.
Felicidad momentánea y pasajera deseosa de asentarse. Aunque fuera entre sus piernas.
Un viaje sin retorno al país de Nunca Jamás, perdiéndose en sus lunares y haciendo transbordo hasta su pelo. Una ola de alegría cabalgando entre sonrisas, las suyas. Un impulso de aire fresco susurrado, que deja tras de sí un rastro erizado por todo su cuerpo. Y finalmente, un dulce silencio. Un silencio tan provocador que tacharon de osado. Su silencio.